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Titulo: George Sprott 1894-1975
Autor: Seth
Editorial:
Random House Mandadori
Año/Páginas: 2009 / 96 |

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Con el correr de los años, uno se va haciendo coraza. Y no es fácil traspasarla. El tebeo que toque leer tiene que ser realmente especial para traspasar tan duro refugio. Decía un amigo mío que todos tenemos algo parecido a un jardincito dentro. Ese jardincito tiene una valla con cerradura, y la llave nunca aparece.A fe que el último comic que me ha mandado mi editor ha saltado esa valla con un salto digno de Bob Beamon.
Es difícil expresar en palabras lo que significa esta obra, lo que representa y, mucho más, las sensaciones con las que impregna al lector.
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El autor, el canadiense Seth (Gregory Gallant) consigue, en un medio tantas veces tan dado a la frivolidad, hacer un ejercicio de puro arte, en el que articula, construye una historia en torno a un tema tan inabarcable como es la propia vida. Así, en general.
A lo largo de 96 páginas de un delicioso bitono, nos pinta el gran fresco de la vida de un personaje que no destacaría en ningún lado por la gloria de sus hazañas o por lo ejemplar de sus acciones. George Sprott es el presentador de un programa sobre exploraciones árticas en una triste tele local canadiense. En su juventud, dirigió tales exploraciones que se saldaron con muy poca gloria y si mucha pena. Durante los treinta años que trabaja en televisión, Sprott se dedica a glosar, documentar y reiterar los hitos de aquellas humildes singladuras. El comic relata la totalidad de la vida de este personaje (sí, sí, la totalidad, de verdad), dando continuos saltos en el tiempo. Tales saltos se justifican por la supuesta poca competencia del narrador en off. Así, Sprott nace, crece, se reproduce y muere. Como todo el mundo. Sin más ni más. Suscitando una sensación empática realmente conseguida, Seth se apunta el logro de hablar de lo único que, como insinuaba Kundera, puede hablar la novela: de uno mismo. Trazar las líneas de la vida y muerte de Sprott es hacerlo con las líneas de cada uno de los lectores. Es hablar de lugares, de situaciones, de amores, de miserias, de relaciones de amistad u odio, de enfermedad, de esperanzas, de hastío, de alegrías, de penas… de todo lo que a ustedes les quepa en el gran saco de su vida. Y es es éste sentido en el que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que tenemos en las manos una auténtica, genuina, y arquetípica novela gráfica.
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El arte, se lo aseguro, les quitará el hipo. Soportado por una edición que calificaría son paliativos de lujo, nos trae un trabajo de entintado de los que quedan pocos por ahí. Un cruce entre Max, Chaland, y Daniel Torres, para que se hagan una idea, que gana elegancia, sofisticación y emoción al estar coloreado con un adecuado bitono.
No se pierdan, además, las fotografías de las maquetas realizadas por el autor. Hechas de cartón, se intercalan entre los diversos episodios de la historia y representan los lugares que se mencionan en la misma. Recréense en el estudio gráfico de los personajes, en el cómo envejecen o como aparecen más jóvenes en uno de los numerosos saltos en el tiempo.
Honor y gloria, al fín, para este autor canadiense que ha puesto su obra en un lugar muy, muy elevado. Consideren la adquisición de esta obra como una inversión y recréense en el río de acontecimientos que allí se narran.
Mr.Munson
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