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CINE/DVD / DVD
I’m Not There
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Titulo: I’m Not There
Director: Todd Haynes
Actores: Cate Blanchett, Richard Gere, Heath Ledger, Julianne Moore, Christian Bale, Kris Kristofferson
Año/duración: 2010 / 135 minutos

cine

En 1964, Bob Dylan publicaba su cuarto disco de estudio, “Another side of Bob Dylan”. Venía de ofrecer tres álbumes en la más pura tradición del Folk y del “topical song” (término que aquí siempre se ha confundido con “canción protesta”). Ya nos advertía, por tanto, de que había otras facetas, más o menos escondidas, de su personalidad. Después, con el paso de los tiempos que estaban cambiando, Dylan realizó otras innumerables vueltas de tuerca, nos mostró poco a poco, paso a paso, disco a disco, facetas inéditas de su mundo poético y musical.


I’m Not There

Ahora, el universo del cine se acerca a su figura mítica y legendaria, controvertida y aún ignorada en su totalidad, con un pequeño muestreo de su volcánico y a veces borrascoso “modus operandi”, más que de su “modus vivendi”. Y es de agradecer que así sea : aquí, en el film, importa más su música que los chismes sobre su vida privada. Y se acerca bastante respetuosamente a ese universo sonoro, al que deja respirar durante muchos minutos en el largo-largometraje (dos horas y media de duración). Y la selección de canciones escogida es excelente, todo hay que decirlo.


I’m Not There

Pero el empeño fílmico es poco menos que vano. No se puede constreñir al marco de una película, por bien hecha que esté (y esta lo está), la torrencial y ya larguísima trayectoria artística de un gigante del siglo XX (y parte del XXI). La grandeza y la miseria del cine es pretender capturar la realidad. Tarea imposible. Pero, aceptando que incluso los documentales puros y duros están sujetos a cierta manipulación por parte de sus creadores (selección de encuadres, selección de planos, un tipo determinado de guión y no otro, y, sobre todo, proceso final de corte y confección, montaje y pos-producción), convengamos que, como material cinematográfico, hay obras mejores que otras, comprometidas con su material y con su propio código expresivo. “I’m not there” pertenece a ese primer género de cintas, de “biopics” en este caso. Es una obra siempre notable, sobresaliente por momentos y respetuosa casi siempre con el personaje y con el entorno reflejado.


I’m Not There

Se nos muestra pues, al “young Bobby Dylan” que se escapa de casa, monta en trenes de carga y canta ya con una soltura envidiable. Es un nuevo Woody Guthrie, aunque en la película el chaval sea negro. También tenemos al Dylan contestatario no precisamente con las canciones “sociales”, sino con la música de su tiempo, abrazando el rock-blues (más blues que rock), en la reencarnación más lograda de la cinta, a cargo de una maravillosa, andrógina, casi anoréxica Cate Blanchett. Era el Dylan protestado en el festival folk de Newport, insultado como “Judas” en Manchester, era el Dylan de “Maggie´s farm” y de “My back pages”, dos caras (rockera y acústica) de la misma moneda. Y, muy pronto, el Dylan de “Aquí están pasando cosas, pero usted no se entera, a que no, mister Jones?”.


I’m Not There

Tenemos también apuntes del Dylan reencarnado en Billy el Niño, uno de sus mitos más queridos. Pero aquí, Richard Gere no da la talla y la cosa queda confusa y como de pegote. Pero al menos se puede recordar que un tipo imberbe llamado “Alias” observaba todo lo que ocurría en la saga/mito de “Pat Garret y Billy the Kid”. Y nos queda su maravillosa canción del crepuscular film de Sam Peckinpah, “Knockin of heaven’door”.
Las relaciones casi siempre conflictivas de BD con las mujeres se documentan en “No estoy allí” por partida doble. Uno de sus primeros amores, Joan Baez, viene representada por una irónica y encantadora Julianne Moore. Y el matrimonio del autor de “Like a rolling stone” con su musa Sarah (con extraña voz foránea) viene a través de la figura de Charlotte Gainsgourb. Etapa de felicidad conyugal, hijos a destajo, alejamiento urbano. “Nashville Skyline”, “Basement Tapes” en la Big Pink, The Band y descubrimiento bíblico con “John Wesley Hardin” y “New morning”.


I’m Not There

Después vendrían las desavenencias matrimoniales, la separación (demasiado amistosa en la peli) y, como consecuencia, uno de los discos más melancólicos de la historia, “Blood on the tracks”. Finalmente, un amago del Dylan convertido en “nuevo renacido cristiano”, casi un telepredicador fundamentalista, con equivalencia discográfica en la trilogía “Slow train coming”, “Saved” y “Shot of love”, no tan despreciable como algunos pretenden –mensajes reaccionarios al margen- en su maravillosa aproximación al “gospel”.
Y todos estos personajes pespunteados por la presencia, en plano un tanto forzado, de un supuesto poeta llamado Rimbaud que va narrando parte de la historia. Sabida es la admiración de Dylan por el francés, pero aquí queda como desdibujada, y quizás, sobrevalorada y sobreactuada.

Pero “I’m not there”, visualmente, ofrece múltiples motivos de regocijo para el espectador, y, para el “dylanita”, no pocos momentos de emoción. Una vez más, la música se impone al cine, la realidad a la ficción, la vida al arte. Y eso que este film, valorado muy positivamente por la crítica norteamericana en su tiempo, es, muy posiblemente, la cinta que mejor se aproxima al personaje escurridizo, inclasificable, multifacético que es BD. Seis caras, pues, pero quedan otras muchas en el poliédrico tintero de “mister Tambourine man”.

Álvaro Feito


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